Traumatismos y fracturas

Ante un traumatismo en un niño hay que descartar una fractura. Las que afectan a la parte central del hueso son en general benignas pero si se afectan las zonas de crecimiento o epífisis pueden ser potencialmente graves por las secuelas que pueden dejar (dismetría, hipercrecimiento, angulaciones, trastornos de la rotación y rigideces). Cuanto más pequeño sea el niño mayores posibilidades de remodelación incluso en presencia de grandes desplazamientos.

   Los centros de osificación no deben confundirse con fracturas, es por tanto necesaria la valoración de un especialista..

La variedad de tipos de fracturas en el niño es muy grande, porque su hueso es elástico y maleable y además está en crecimiento: incurvaciones del hueso o “bowing fractures”, fracturas incompletas, tallo verde… El miembro superior se afecta estadísticamente en un 65-70% de los casos.

Las fracturas raramente pueden ser patológicas, ante una sospecha se debe investigar causas subyacentes. Las fracturas en los niños deportistas pueden deberse a arrancamientos de inserciones musculares en el hueso en crecimiento como en trocánteres del fémur, espina iliaca anterosuperior, tuberosidad isquiática… (corredores, futbolistas, bailarines…).